Christian JARRETT – La psicología de las diferencias sexuales: 5 reveladoras ideas sobre nuestros parientes primates (2017)

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La psicología de las diferencias sexuales: 5 reveladoras ideas sobre nuestros parientes primates

Por Christian Jarrett

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Que existan diferencias comportamentales promedio entre sexos es algo que pocos discutirían. El centro del debate descansa, no obstante, en cuantas de esas diferencias son resultado de presiones sociales versus cuantas están arraigadas en nuestra biología (a menudo, la respuesta es que hay una interacción compleja entre ambos).

Por ejemplo, cuando se observan diferencias entre niñas y niños –como las que existen en las preferencias de juego– una posibilidad es que esto se deba en parte o totalmente a la forma en que niñas y niños son influenciados por sus compañeros, padres y otros adultos (debido a las ideas que tienen sobre cómo los sexos deben comportarse). Sin embargo, el estudio de primates no humanos nos permite identificar diferencias de comportamiento sexual que no pueden deberse a la cultura humana y las creencias de género.

Aprender más sobre las raíces biológicas de las diferencias sexuales del comportamiento no debe usarse como excusa para la dañina creación de estereotipos o la discriminación. No obstante, puede ayudarnos a comprender mejor nuestra naturaleza humana y también el rol que las diferencias sexuales –ocasionadas por evolución– juegan en algunos de los asuntos más importantes que afectan nuestras vidas, incluyendo diversidad, relaciones, salud mental, crimen y educación.

A principios de este año, como parte de un número especial de la revista Journal of Neuroscience Research, titulado “Un problema cuyo momento ha llegado: Influencias de sexo/género en la función del sistema nervioso”, Elizabeth Lonsdorf del Franklin and Marshall College publicó una útil mini-revisión detallando algunas de las diferencias sexuales observadas entre monos y simios bebés y jóvenes.

“Existen muchas diferencias sexuales en el desarrollo del comportamiento en primates no humanos”, escribe, “a pesar de que, comparativamente, no haya un tratamiento sexualmente diferenciado por parte de las madres u otros compañeros”. Aquí hay una cuenta digerida de cinco de estas diferencias sexuales en el comportamiento.

Los chimpancés jóvenes pasan más tiempo lejos de sus madres.

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[El gráfico muestra el tiempo empleado en viajar –de forma independiente– por edad para machos y hembras]

En distintas culturas humanas alrededor del mundo, los niños pequeños tienden a pasar más tiempo lejos de sus madres, en comparación con las niñas, lo que puede reflejar una tendencia temprana hacia una mayor toma de riesgos. Lo mismo ocurre con los chimpancés. Para un artículo del 2014, Lonsdorf y sus colegas (incluida la famosa zoóloga Jane Goodall) realizaron el más detallado análisis sobre el desarrollo de chimpancés salvajes, observando a 40 chimpancés desde el nacimiento hasta los 5 años. Descubrieron que, a los 3 años, los chimpancés pequeños mostraron mayor distancia física de sus madres que las chimpancés. Los machos comenzaron a moverse solos antes que las hembras y cubrieron más distancias de forma independiente. Estos y otros hallazgos del estudio “sugieren que algunas diferencias sexuales del comportamiento pueden haber estado presentes en el ancestro común de los chimpancés y los humanos, operando independientemente de las influencias del comportamiento moderno de los padres y la socialización de género”, dijeron los investigadores.

Las monas bebés son más sociables.

En humanos, las niñas tienden a mostrar un desarrollo más precoz por las interrelaciones sociales. Por ejemplo, con menos de dos días de vida, las niñas pasan más tiempo que los niños mirando un rostro humano que a un juguete mecánico. Aunque se necesita un intento de replicación de este hallazgo específico para humanos, se ha encontrado un patrón muy similar en los monos macacos rhesus. Para un artículo publicado el año pasado, un equipo de investigación dirigido por Elizabeth Simpson observó 48 monos de dos a tres semanas de edad, mientras les presentaban videos del rostro de un mono macaco. Las hembras pasaron más tiempo mirando los videos que los machos, mostrando, luego, un comportamiento más sociable hacia el ser humano. “En resumen, la evidencia convergente de humanos y monos sugiere que las hembras pequeñas son más sociables que los machos en las primeras semanas de vida, y que tales diferencias pueden surgir independientemente de la experiencia postnatal”, dijeron los investigadores.

Los monos jóvenes disfrutan más del juego agresivo (“rough and tumble”).

En niños humanos, las diferencias sexuales promedio en preferencias de juego se encuentran entre los más llamativos, consistentes (y controvertidos) contrastes conductuales que se encuentran entre niños y niñas. Nunca parece tomar mucho tiempo para que los niños pequeños levanten palos y pretendan que están armados con una espada. Por el contrario, las niñas suelen pasar más tiempo fingiendo alimentar muñecas de juguete o similares. Por supuesto, muchos dicen que esto simplemente refleja la forma en que los niños crecen para ser más agresivos y las niñas para ser más afectuosas. Sin embargo, se ven preferencias de juego muy similares a las vinculadas por sexo en nuestros parientes primates.

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Por ejemplo, Gillian Brown y Alan Dixson estudiaron 34 monos macacos durante los primeros 6 meses de sus vidas y descubrieron que los machos (los círculos rellenos en el gráfico de la izquierda) se involucraban más en juegos rudos que las hembras, incluida la lucha libre y la fijación, así como el perseguir y el golpear suavemente. Los machos también iniciaron el juego más a menudo que las hembras. En su reseña, Lonsdorf señala que se han observado hallazgos similares en monos azules, monos patas, macacos japoneses y babuinos de olivo.

Las monas pasan más tiempo jugando a ser madres.

En promedio, los niños humanos están menos interesados ​​en los bebés que las niñas. Entre primates no humanos, existe un patrón similar. Una investigación observacional del Yerkes Regional Primate Research Center con monos rhesus macacos de un año de edad descubrió que las hembras pasaban con infantes mucho más tiempo que los machos. “Se ha sugerido que el foco de atención de las hembras jóvenes en los bebés es importante para el desarrollo de habilidades maternas posteriores”, dijeron los investigadores. Señalaron, además, que se ha encontrado una observación similar para otra especie: “Monas juveniles de vervet que viven en la naturaleza cargan y abrazan monos bebés, una experiencia que puede proporcionarles las habilidades motoras necesarias para el comportamiento materno posterior, así como darles exposición al rol materno. Es probable que esta experiencia sea igualmente útil para un mono rhesus de un año”. En su reseña Lonsdorf observa que una inclinación femenina para el juego de estilo de crianza también se ha visto en gorilas de tierras bajas y monos azules.

A los monos jóvenes les gusta aprender de sus padres; a las monas, de sus madres.

No cabe duda que las diferencias biológicas entre sexos se amplifican mediante las prácticas parentales y las relaciones entre padres e hijos, incluida la tendencia de los niños a querer emular a sus papás y la de las niñas a emular a sus madres –como se ve tanto en humanos como en nuestros parientes primates. Por ejemplo, en un estudio de monos capuchinos, Susan Perry observó si los bebés adoptaban una de dos técnicas diferentes (golpear o restregar) para extraer semillas de frutas: las monas, pero no los monos, generalmente adoptaban cualquiera que fuera la técnica utilizada por sus madres. En los capuchinos silvestres, mientras tanto, los monos juveniles generalmente se quedan con sus papás y copian sus preferencias dietéticas, como, por ejemplo, tender a comer animales por sobre frutas (siendo, este último, el preferido por las monas). Lo mismo ocurre con chimpancés y la pesca de termitas, gracias a una investigación que muestra cómo las chimpancés son mejores que los machos en esta tarea y, además, que las chimpancés jóvenes pasan más tiempo que sus pares machos mirando y aprendiendo de sus madres.

“Tomados en conjunto”, concluye Lonsdorf, “estos consistentes y muy acumulados informes sobre diferencias sexuales en el desarrollo del comportamiento primate sugieren que, aunque la socialización de género en humanos juega un papel en magnificar las diferencias entre hombres y mujeres jóvenes, estas diferencias comportamentales-sexuales están arraigadas en nuestra herencia biológica y evolutiva”.

Reseña de Lonsdorf: Sex differences in nonhuman primate behavioral development.

Fuente: https://digest.bps.org.uk/2017/10/03/the-psychology-of-sex-differences-5-revealing-insights-from-our-primate-cousins/

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